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Me estorba la poesía

Me estorba la poesía
es más ya no la quiero

qué es la poesía compañeros
si no todo aquello que ya no queremos

pero que nos destroza por adentro

y en la explosión del alma
hay momentos
que somos poesías de los muertos
naciones de la guerra somos tiempo

unos adolescentes les pregunto

qué es la poesía compañeros
una semilla que ha emergido en un lamento
la vana soledad lo más grotesco

y quiero ir más allá ese es mi asunto

qué somos los poetas sólo perros
perros de poemas perros llenos
de muerte de tristezas de veneno

qué es la poesía compañeros

los niños las mujeres que murieron

qué es la poesía compañeros

es nada
es nostalgia

es el silencio.

Sebastián

Había que verlo, pálido, frente a un espejo que no lo reflejaba, como un personaje de la ilusión soñada por Borges, sin el alma de alguien que se levanta temprano, a la vida rutinaria, para descubrir que ya no existe; que siente frío, o que no siente, y que se ha inventado el frío como quien inventa a la memoria, a Dios, a un hombre llamado Sebastián que ya no existe, pero que sigue, intermitentemente, sintiendo frío a las cuatro de la mañana, un lunes de diciembre, un día que no volverá a repetirse nunca; sin el Sebastián que no volverá a ser nunca, ya, el mismo Sebastián que el tiempo construyó y destruyó para existir inexistente, mientras haga frío y mientras alguien diga “Sebastián” en algún lado, en algún pueblo, por equivocación, cuando alguien quiera decir otra palabra, “tierra” o “sombra”, “mar” o “derrumbe”, y en cambio diga “Sebastián” y solo entonces, Sebastián ya no volverá a sentir frío, ni hambre, ni la soledad con la que los Sebastianes nacen, ni volverá nunca a morirse, ni volverá nunca a estar triste, porque los lunes se llamarán «Sebastián», y los martes se llamarán «Sebastián» y los domingos; y todos los niños también se llamarán «Sebastián», todos nosotros nos llamaremos «Sebastián», nos cambiaremos el nombre por él, le cambiaremos el nombre a las cosas por «Sebastián» y solo así, Sebastián nunca habrá muerto, nunca se enterará de que se ha muerto, solo así se quedará entre nosotros hoy y mañana, ya sin miedo, sin ese temor de irse, de dejarse, de perderse sin nombre cuando nadie nos dice, nosotros siempre lo repetiremos, a diario, a lágrimas, “Sebastián”, “Sebastián”, diremos, ametrallaremos las paredes, las casas, con su nombre dicho, perpetuado, cansado de decirse, y solo así, y solo así, Sebastián nunca habrá muerto.

Instrucciones para olvidar a Valeria

1.- Respire profundo

2.- Aspire

3.- Sáquese el corazón con extremo cuidado

4.- Póngalo a secar al sol

5.- Use vinagre y alcohol al 75% para lavarse el pecho

6.- Con la mano izquierda, con índice y pulgar, quítese con cuidado la memoria, desconecte el cable rojo

7.- Si no hubo ninguna explosión, deseche la memoria, junto con pilas y materiales peligrosos

8.- Póngase el corazón